1 de enero de 2020. Le echo un vistazo al listado de propósitos que no voy a cumplir. Me resulta tan difícil conseguirlos como si fueran infinitos. Al final, no es más que vivir cada día como si pudiera ser el último.

Echo un bufido.

Cuidarme más, pasar más tiempo con mis hijas y querer más mi mujer.

Pero mi cabeza piensa en cerrar un nuevo cliente. Ascender. Tener más vida social. Echo otro bufido.

Suena mi móvil del trabajo.

–Niñas, callad –digo.

¿Quién narices llama en año nuevo? Es el doctor, tiene los resultados. Al parecer, este año será el último para cumplir cada uno de mis propósitos.