Tréboles

Aquel pequeño trébol observó la escena aletargado. Todos aquellos grandes tréboles de cuatro hojas que partieron hacia una tierra más fértil volvían desolados.

—¿No son demasiados para ese cáñamo? —preguntó inocente a su madre cuando partieron.

Ahora los veía de vuelta, como ausentes, mirando al suelo y con la tristeza perdida en el infinito. No habían conseguido cruzar el río para alcanzar tierras que, en teoría, harían crecer sus tallos más de lo que jamás hubieran conseguido en su hogar, ya estéril de oportunidades.

El pequeño trébol se fijó en que a casi todos ellos solamente les quedaban tres pétalos, así que se atrevió a preguntar.

—¿Qué os ha pasado?

Y uno de ellos contestó:

—No ha habido suerte.